lunes, 30 de agosto de 2010

Ángel González




Mi rostro apagado

Te hablo del rostro apagado:

Ese dibujo inaccesible

que se enreda

en todas las circunferencias.

La chispa de la vida

que a cada momento

está más oculta,

más perdida,

más extinta,

mas yo:

El único y verdadero nombre;

la única palabra

que vino de las sombras.

Esa verdad tan dura

con la acepción.

El agua turbia,

nunca cristalina,

siempre barro...,

mi barro,

mi propio lodo.

Muñeca rusa

Una parte de ti

dentro de mí

-no somos más que dos extraños-

en constante afectación bacteriológica.

Una parte de mí

hurgando dentro de ti,

confundiéndonos;

sometiendo al Sistema Inmunológico

a asombrosos cambios

o rencillas microscópicas

dentro de la extrañeza

de ser un cuerpo dentro del otro

cada mañana

que nos levantamos

y en cada noche

que lo asimilamos

el uno al cobijo del otro.

versión 1.3.1

Sabemos

de la existencia

en el cole

de un chico de treinta y tantos

que te espera a la puerta

mientras sigues saltando

la valla de atrás

en siempre huida.



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