martes, 9 de marzo de 2010

Arrastro el boceto de una casa
sin más pretensiones
que habitarla,
como las aldeas de los niños,
a las que nunca vuelven
cuando crecen
porque saben que no mirarían igual sus secretos.
Pero,
Ay de mi,
que la casa se me volcó de grande
y que
qué poco me gustan los niños
que siempre van por ahí deseando la muerte de alguien
y la suya propia.
Yo así lo hacía.